EDICION N° 460

Canales Paparazzi
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LAS 50 DE PAPARAZZI

Pablo Trapero

“Desde que incursioné en un proceso homeopático, no volví a enfermarme”

Luz, cámara... ¡a responder! Con menos de 40 años (cumplirá 39 en octubre), es uno de los exponentes más reconocidos de la nueva generación de cineastas. Desde El Bonaerense, su primer gran impacto, hasta Carancho, su última y exitosa creación, no ha dejado de sorprender ni de maravillar al público y a la crítica. Cincuenta respuestas para hacerse la película.

AUTORETRATO

Nombre y Apellido: Pablo Martín Trapero.
Apodos: Traper, es un apodo que me acompaña desde la adolescencia.
Nacionalidad: Argentina.
Edad: Tengo 38 años. Nací el 10 de octubre de 1971.
Estado Civil: Soltero.
Hijos: Mateo (8). Tenemos una relación buenísima, genial. Nos llevamos muy bien.
Hermanos: Soy hijo único.
Signo: Libra. No conozco mucho sobre el Zodíaco, pero sé que dicen que los librianos tendemos al equilibrio, y si bien en eso me siento identificado, debo confesar que casi nunca los consigo (risas).
Número de la suerte: Me gusta el 25, pero no sé si es mi número de la suerte.
Cábalas: Trato de respetar todas las supersticiones del medio, pero a la hora de rodar una película, no tengo cábalas.
Música: Escucho desde tango hasta música electrónica, pero me encantan el jazz y el soul interpretado por voces femeninas.
Libro: Recomiendo Cuentos de la selva, de Horacio Quiroga.
Programas de televisión: No veo mucha tele. De hecho, recién ahora como Martina, mi esposa, está trabajando en televisión, pusimos cable, porque antes no teníamos ni el enchufe. Hoy, cuando enciendo el televisor, busco partidos de tenis, que es mi deporte preferido, o noticias.
Lugar de vacaciones: Mar de las Pampas.
Color: Azul.
Perfume: Uso uno de Dior que me acaban de regalar, pero ni siquiera sé el nombre.
Ropa: Me siento cómodo con jeans y remeras.
Comida: Me gusta comer de todo. Es más, muchas de las cosas que ingiero no debería comerlas. Además, me encanta cocinar e ir a almorzar o a cenar afuera.
Hobby: Me encantan las herramientas y los aparatos electrónicos, pero no los colecciono. Podría decir que mi hobby es la cocina.
Vicios: Los fui perdiendo con el tiempo.
Profesión: Cineasta.

1. Una imagen, ¿vale más que mil palabras?
–No. Las imágenes y las palabras se complementan, no se suplantan.

2. Cuando ve a un policía cerca, ¿se siente más seguro o más inseguro?
–Cuando estoy cerca de un cana lo que siento es vértigo (risas).

3. ¿En qué se considera un diamante en bruto?
–En materia musical. De chico aprendí a tocar varios instrumentos, pero advertí que jamás iba a ser un genio de la música, y a los quince años desestimé la idea. Hoy puedo decir que a la hora de ejecutar un instrumento soy muy bruto, lo de diamante obvialo (risas).

4. ¿Cuál es su mejor parte?
–Tal vez la generosidad, que se manifiesta en mi constante deseo de compartir todo con los demás. ¿Y la peor? Que, en ocasiones, me dan temor ciertas cosas, y esa sensación me lleva a equivocarme más de lo que quisiera.

5. Describa en este preciso instante la primera imagen que le aparece de su infancia.
–Me veo de cinco años, muy feliz, en la quinta de frutas y animales que tienen mis viejos en Cañuelas, jugando con las cosas del campo.

6. ¿Asiste con agrado a eventos, agasajos y ágapes, o trata de huir de esos compromisos utilizando hasta las excusas más inverosímiles?
–Asisto poco. En general, voy cuando me siento cercado y no tengo excusas para evitarlo. Cuando se trata de eventos que tienen que ver con acompañar a mis películas no opongo ninguna resistencia. Si acepto una invitación es porque el encuentro me despierta curiosidad. La mayoría de las veces en las que me hago presente se trata de estrenos de películas, obras de teatro o eventos deportivos que quiero ver. Si voy es porque tengo un interés genuino por lo que me ofrecen, y me quedo hasta el final. De todos modos, cuando sé que va a estar la prensa, uso todos mis recursos para esquivar el bulto y meterme directo en lo que me interesa.

7. ¿Se enoja con facilidad?
–No. No soy irritable y no utilizo insultos para expresar mi bronca. En general, me la banco en silencio y después, en algún momento, exploto a los gritos.

8. ¿Hasta qué punto cree conocerse?
–No tengo la menor idea. Creo que soy un gran signo de interrogación para mí mismo. De hecho, cuando era más chico creía que a medida que uno crece, sabe más, pero con los años me di cuenta de que cuando uno es adulto, sabe menos de todo y tiene más preguntas que respuestas.

9. ¿Es cada cual artífice de su propio camino o el destino ya nos viene dado, y no se puede hacer nada contra él?
–No creo que el destino esté marcado. Tiendo a pensar que uno es responsable de su propio camino. Creer que nuestro camino está escrito es como tirar la pelota afuera, y a mí me gusta jugar el partido.

10. Para usted, ¿vivir en la Argentina es el paraíso, el purgatorio o el infierno?
–Vivir en la Argentina es un bolonqui tan grande que uno nunca termina de saber si está en el purgatorio, en el paraíso o en el infierno.

11. Cuando se mira al espejo, ¿qué ve?
–Que pasaron los años. De cualquier modo, me agrada la imagen que veo. Siento que, al menos por ahora, la vengo llevando bastante bien (risas).

12. ¿Qué representa para usted el dinero?
–Sólo una herramienta que, en lo profesional, es esencial para producir mis películas y, en mi vida cotidiana, es indispensable para vivir. Intento cuidarlo, porque siempre me costó más ganarlo que gastarlo, pero no siempre lo consigo.

13. ¿Le hubiera gustado ser un líder que arrastre multitudes?
–Me hubiese encantado ser una estrella de rock y que la multitud me lleve en andas. ¿Qué frenó mi sueño? La realidad. Ella sola hizo su trabajo (risas).

14. ¿Por qué los malos momentos parecen eternos?
–Porque uno transita por los lindos momentos en forma placentera y, usualmente, el disfrute pasa rápido. En cambio, las cosas que nos disgustan parecen densas, pesadas, y cuando las estamos viviendo nos acompaña la sensación de que van a ser eternas aunque, en realidad, no los son, pero nos quedamos con esa idea.

15. ¿Para qué aspectos de su vida elegiría la máxima: “Poco pero bueno”?
–Para la comida, para la bebida, para el sexo y para el cine. Si debo elegir, prefiero poco y bueno, antes que mucho y más o menos.

Sergio Cohen y Cacho Lemos. Fotos: Editorial Atlántida

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“Desde que incursioné en un proceso homeopático, no volví a enfermarme”

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