





Diez de la mañana del martes 2 de febrero, en el norte de la provincia de Buenos Aires. A un costado de la Ruta 9, en la entrada a la ciudad de San Nicolás de los Arroyos, todo es calor, humedad y silencio. Un cortejo fúnebre recorre la calle de tierra que va hasta el Cementerio Parque Celestial, camino al pueblo La Emilia, y allí donde los parabrisas devuelven llantos, caras demacradas y desconsuelo, una pregunta viste de luto y sobrevuela la pesada atmósfera: ¿Por qué? Los aquí presentes, familiares y amigos, se reunieron para despedir a Leonardo Jesús Verhagen, un modelo y deportista que perdió la vida inexplicablemente la mañana del domingo 31 de enero en su departamento del barrio Alberdi, en Rosario. Tenía 28 años. Y sus últimas horas las pasó junto a quien fuera su novia desde hace 8 meses, la modelo y actriz Liz Solari (26).
Leíto, como le decían a Leonardo, se encontraba dejando atrás un exitoso paso por el mundo del modelaje y la actuación para dedicarse a distintos negocios gastronómicos en Rosario. Ese era su lugar en el mundo, junto a su familia y sus amigos, y cerca de la gran pasión de su vida, la práctica de parapente. En Rosario se reencontró con Liz, a mediados de 2009, para recordar su vieja historia común bajo las huestes de Pancho Dotto… y enamorarse. La Indiecita venía de separarse de Diego Balut y, agobiada por el trabajo y los rumores de un supuesto affaire con Marcelo Tinelli, se mudó a Rosario para estar junto a su familia. Así empezó a rodar su noviazgo, quizá los meses más felices en la vida de la joven actriz. Una relación que no tomó trascendencia pública ni siquiera en enero, cuando Liz se instaló en Punta del Este para ser la cara distintiva de Dotto Models, y Leonardo viajó al Este para visitarla: sus románticos encuentros sólo se dieron en playas alejadas y lejos de curiosos. Fue un mes que marcó el destino de la pareja, y que en su último día, la mañana del domingo 31, golpeó a todos con la más irreparable de las tragedias.
La noche. Es posible reconstruir las últimas horas de Leonardo a partir del testimonio que Liz dejó en la Comisaría 10ª de Rosario. La noche del sábado 30, la modelo fue junto a Verhagen a conocer Munah, el nuevo emprendimiento de Leo, un boliche ubicado en la zona norte de la ciudad. El joven que supo ser imagen de grandes marcas como Coca Cola, Kosiuko y Wanama, se mostraba feliz y muy entusiasmado por su nueva vida de negocios en Rosario.
Cenaron en la disco y se quedaron hasta que cerró, pasadas las 8 de la mañana del domingo. De regreso al departamento de Leonardo, ubicado en el 1er piso del 1047 de la avenida Rondeau, la pareja abrió un vino, puso música y luego hicieron el amor. Un rato después, Leonardo comenzó a tener convulsiones y cayó al piso enredado en las sábanas. Presa del pánico, Liz salió a la calle a pedir ayuda y un vecino se acercó a socorrerla. En un principio, el señor, de apellido López y que resultó ser paramédico, pensó que la modelo estaba siendo víctima de un robo, pero cuando subió al departamento descubrió el cuerpo desnudo de Verhagen, con espuma saliendo por su boca y los ojos blancos. Eran las 11 de la mañana, y ni siquiera la rápida asistencia de una ambulancia del SIES –Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias– logró torcer el trágico final de Leonardo. Enrojecida por las lágrimas, presa de una crisis nerviosa, desolada, y abrazando el cuerpo inerte del hombre que amó durante los últimos meses, Solari recién volvió en sí cuando llegó su hermano. “Se me murió en los brazos, ¿por qué nos tuvo que pasar esto?”, repetía la joven entre sollozos. El deceso fue caratulado como “muerte dudosa”, y el Juzgado de Instrucción Nro 4 ordenó que se le realizara una autopsia al cuerpo. “El resultado dejó la conclusión contundente de que se trató de una muerte natural”, según fuentes policiales. La causa del paro cardíaco que terminó con la vida de Leo se explicó en un cuadro de cardiomegalia, un trastorno cardíaco en el cual el tamaño del corazón es más grande que lo normal. El lunes 1º, Leo fue velado en la sala 2 de Servicios Caramuto, en Rosario.
El adiós. De regreso a la mañana del martes 2. En San Nicolás, el cielo se ennegrece amenazante. Ya pasó la pequeña ceremonia que tuvo a Liz como protagonista, cerca del féretro y recibiendo la contención de los Verhagen. El futbolista Walter Samuel, casado con la hermana de Leonardo, viajó desde Milán para estar con la familia. Todo es lamento e impotencia. Los restos del joven rosarino fueron cremados, y sus cenizas encontraron lecho final unas horas más tarde, cuando sus familiares más íntimos las esparcieron en la Escuela de Parapente de San Nicolás, porque surcar el horizonte había sido una de las grandes pasiones de Leo. Resguardada junto a su familia en Rosario, y evitando cualquier contacto con la prensa, Liz no encuentra consuelo, y su gente está preocupada por saber cómo hará para superar semejante tragedia. La difícil tarea de comprender una ausencia tan inexplicable como dolorosa.
Desde Rosario Nicolás Coppa. Fotos: Carlos González.


pobre liz!
fuerza el siempre va a estar con vos y recorda siempre todo lo mejor que compartieron juntos. te kiere y toda la fuerza eimy. bs
Acompaño el sentimiento de Liz, pero si me voy a morir, moriría feliz al lado de esa diosa increible, no me queda duda que murió feliz.