Traspasar la pantalla, aquello que anhelan los artistas. Que el público respete su labor pero que, en defi nitiva, los elijan “por lo que son”, sin más, sin menos. El jueves 19 de marzo, pasadas las nueve de la noche, la avenida Corrientes fue testigo de tal magia. Después de veinticuatro años alejada de los escenarios, Susana Giménez (71) volvió a brillar, al levantarse el telón, en el Lola Membrives. Piel de Judas la devolvió al vértigo y la dicha de disfrutar del cariño de la gente, del aplauso cerrado. Acompañada por sus grandes amores, su hija Mercedes Sar rabayrouse, sus nietos Lucía y Manuel Celasco, y sus seres queridos más cercanos, la diva entró a escena con un conjunto en tono rosado para ser recibida con ovación. Pero ese cálido saludo no fue transmitido solo por los fanáticos presentes, sino también por sus compañeros de trabajo, Antonio Grimau, Mónica Antonópulos, Alberto Fernández de Rosa, David Maajnik, Gloy Turilli y Marcelo Serre.
Con semejante clima festivo, la comedia francesa que recrea la historia de una mujer, Marion Brucker, brillante y con un gran sentido del humor, quien al ser engañada por su esposo estalla de celos, ya se consagró como un éxito. Por lo menos en su arranque.
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