Dueña de una belleza impactante y de un carisma comprador a la hora de actuar, Luly Drozdek (26) finalizó su temporada más exitosa en las sierras cordobesas con Extraña Pareja. Sensible, deja al descubierto su costado más reservado y sus vivencias más traumáticas. "Estudio teatro desde que tengo 10 años. Me gusta ir a cursos, mis amigos me cargan porque me dicen que no paro de estudiar, que ya está, que es suficiente, porque tengo trabajo continuado hace cuatro años. Pero me gusta instruirme porque creo que me ayuda a la actuación y a adquirir nuevos conocimientos. Con mis compañeros del under hacíamos cooperativas donde íbamos a diferentes teatros, en esa época pensaba que el teatro comercial era muy difícil. Que si no conocías a nadie, nos tenías contactos, nos entrabas. Además, tenía un prejuicio terrible, lo consideraba de mala calidad, que los artistas trabajaban solo porque les pagaban y que no era teatro profundo. Hoy yo sigo viendo under y tienen cosas muy buenas, incluso que superan a la calle Corrientes. Estaba haciendo una obra en un sucucho de Avenida Rivadavia y un representante fue a ver actuar a una amiga", arranca.
–¿Y qué pasó?
–Vio lo que yo hacía y se me acercó a decirme que hiciera teatro comercial, y me pasó la data de un casting. A raíz del libro El Secreto, de metafísica, que estaba leyendo justo para esa época, empecé a plantearme si quería vivir de la actuación. Con el teatro under no iba a ser posible porque se gana dos pesos con cincuenta. Leer varios autores que reflexionan sobre metafísica me cambió un montón la mentalidad. Fui a la prueba con una mentalidad superpositiva, quedé, y a la semana estaba en la calle Corrientes, compartiendo cartel con actores que miraba por la televisión.
–No abandonaste la metafísica, ¿no?
–Seguí leyendo y apostando al crecimiento espiritual. Una vez por semana hago meditaciones guiadas. Y el resto de los días, medito en casa, solita. Me miro mucho hacia el interior para ver qué hago bien y qué mal, con el fin de aprender y superarme. Mi sueño es viajar, hacer un retiro espiritual en la India, y lo voy a concretar. Ahora tengo un montón de proyectos y ganas de actuar, pero es algo que voy a hacer sí o sí porque me sumaría mucho. Dos veces por año doy vuelta todo mi departamento y regalo las cosas que le pueden servir a otra persona, y que yo no le doy tanto uso. Ropa que estaba en buen estado, muebles, electrodomésticos que voy cambiando. Al trabajar en el medio nos regalan ropa, zapatos, muchas cosas, y está bueno compartirla con gente que la pueda necesitar. Me encantaría que me vaya muy bien en este trabajo para tener acceso a la ayuda social.
–¿Qué lugar ocupa la religión en tu vida?
–De chica fui scout tres años, iba todos los domingos a misa, era muy creyente. Pero hubo un lío importante en mi familia y me alejé para no generar conflictos. La mitad de mi familia es católica, y la otra judía, y se empezaron a pelear con mis creencias. Hoy festejo las fiestas de ambas religiones.
–Dijiste que querías viajar a la India, pero eso requiere de dinero. ¿No tenés otras prioridades materiales antes?
–Al ser hija única, mi familia me ayudó a tener mi departamento y mi auto. Al estar tranquila en lo económico, puedo pretender tener otro tipo de gastos. Toda la atención de mis padres está puesta en mí, pero eso también hace que estén muy pendientes, y que si me pasa algo todo se potencie. Son superprotectores. De chica, me quisieron secuestrar y me acuerdo que la pasaron recontramal.
–¿Cómo fue el intento de secuestro?
–Era la época en que raptaban nenas para vender sus órganos. Estaba saliendo del jardín de infantes y se acerca una camioneta con vidrios polarizados. Se bajó una señora y me dijo que me venía a buscar a pedido de mamá. Hasta le presentó a mi maestra un papel con una supuesta firma de mamá. Empecé a llorar, a decir que no la conocía, y que no me quería ir con ella. Si yo le decía que me iba con ella, no la contaba. ¿La verdad? No se lo deseo a nadie. Cada vez que me acuerdo de eso, es horrible, y no puedo evitar que se me llenen los ojos de lágrimas, perdón.
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